23-11 San Clemente I

San Columbano de Luxeuil y de Bobbio, abad
San Clemente I Romano, papa mártir
Santa Felicidad, mártir
Santa Mustiola, mártir
San Sisinio de Cícico, obispo y mártir
San Clemente de Metz, obispo
Santa Lucrecia de Mérida, mártir
San Anfiloquio de Iconio, obispo
San Severino de París, recluso
San Gregorio de Agrigento, obispo
San Trudón, presbítero
Beata Margarita de Saboya, viuda y fundadora
Santa Cecilia Yu So-sa, mártir
Beato Miguel Agustín Pro, presbítero y mártir
Beata María Cecilia Cendoya y Araquistain, virgen y mártir
Beato Alexandre de Barcelona, presbítero y mártir
Beata Enriqueta Alfieri, virgen

No es Dios de muertos, sino de vivos.

Sábado de la XXXIII semana del tiempo ordinario o Santa María en sábado, memoria libre o san Clemente I, papa y mártir, memoria libre o san Columbano, abad, memoria libre.

1 Mac 6,1-13
Sal 9
Lc 20,27-40

27Se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron: 28«Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano”. 29Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. 30El segundo 31y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. 32Por último, también murió la mujer. 33Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer». 34Jesús les dijo: «En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, 35pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. 36Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección. 37Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. 38No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos». 39Intervinieron unos escribas: «Bien dicho, Maestro». 40Y ya no se atrevían a hacerle más preguntas.

22-11 Santa Cecilia de Roma

Santa Cecilia, virgen y mártir
Santos Filemón y Apia, santos del NT
San Ananías, mártir
San Benigno de Milán, obispo
San Pragmacio de Autún, obispo
Beatos Salvador Lillo, Juan, y seis compañeros, mártires
Beato Tomás Reggio, obispo
San Pedro Esqueda Ramírez, presbítero y mártir
Beatos Elías Torrijo Sánchez y Bertrán Lahoz Moliner, religiosos mártires
Beato Ferrán María Llovera Puigsech, presbítero y mártir
Beata Anna Kolesárová, mártir

Habéis hecho de la casa de Dios una «cueva de bandidos».

Viernes de la XXXIII semana del tiempo ordinario. Santa Cecilia, virgen y mártir, memoria obligatoria.

1 Mac 4,36-37.52-59
Salmo: 1 Crón 29,10-12
Lc 19,45-58

45Después entró en el templo y se puso a echar a los vendedores, 46diciéndoles: «Escrito está: “Mi casa será casa de oración”; pero vosotros la habéis hecho una “cueva de bandidos”». 47Todos los días enseñaba en el templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y los principales del pueblo buscaban acabar con él, 48pero no sabían qué hacer, porque todo el pueblo estaba pendiente de él, escuchándolo.

¡Si conocieras lo que conduce a la paz!

Jueves de la XXXIII semana del tiempo ordinario. Presentación de la Bienaventurada Virgen María, memoria obligatoria.

1 Mac 2,15-29
Sal 49
Lc 19,41-44

41Al acercarse y ver la ciudad, lloró sobre ella, 42mientras decía: «¡Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos. 43Pues vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco de todos lados, 44te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el tiempo de tu visita».

20-11 San Edmundo

San Basilio de Antioquía, mártir
San Crispín de Écija, obispo y mártir
San Dasio, mártir
Santos Octavio, Solutor y Adventor, mártires
San Teonesto, mártir
San Doro de Benevento, obispo
San Silvestre de Châlon-sur-Saône, obispo
San Hipólito de Condat, abad y obispo
San Gregorio Decapolita, monje
San Edmundo, mártir
San Bernwardo de Hildesheim, obispo
San Cipriano de Calamizzi, abad
San Francisco Javier Can, catequista mártir
Beata María Fortunata Viti, monja
Beatas Ángela de San José Lloret Martí y catorce compañeras, vírgenes y mártires
Beata María de los Milagros Ortells Gimeno, virgen y mártir

¿Por qué no pusiste mi dinero en el banco?

Miércoles de la XXXIII semana del tiempo ordinario, feria.

2 Mac 7,1.20-31
Sal 16
Lc 19,11-28

11Mientras ellos escuchaban todo esto, añadió una parábola, porque él estaba cerca de Jerusalén y pensaban que el reino de Dios iba a manifestarse enseguida. 12Dijo, pues: «Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después. 13Llamó a diez siervos suyos y les repartió diez minas de oro, diciéndoles: “Negociad mientras vuelvo”. 14Pero sus conciudadanos lo aborrecían y enviaron tras de él una embajada diciendo: “No queremos que este llegue a reinar sobre nosotros”. 15Cuando regresó de conseguir el título real, mandó llamar a su presencia a los siervos a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno. 16El primero se presentó y dijo: “Señor, tu mina ha producido diez”. 17Él le dijo: “Muy bien, siervo bueno; ya que has sido fiel en lo pequeño, recibe el gobierno de diez ciudades”. 18El segundo llegó y dijo: “Tu mina, señor, ha rendido cinco”. 19A ese le dijo también: “Pues toma tú el mando de cinco ciudades”. 20El otro llegó y dijo: “Señor, aquí está tu mina; la he tenido guardada en un pañuelo, 21porque tenía miedo, pues eres un hombre exigente que retiras lo que no has depositado y siegas lo que no has sembrado”. 22Él le dijo: “Por tu boca te juzgo, siervo malo. ¿Conque sabías que soy exigente, que retiro lo que no he depositado y siego lo que no he sembrado? 23Pues ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses”. 24Entonces dijo a los presentes: “Quitadle a este la mina y dádsela al que tiene diez minas”. 25Le dijeron: “Señor, ya tiene diez minas”. 26“Os digo: al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. 27Y en cuanto a esos enemigos míos, que no querían que llegase a reinar sobre ellos, traedlos acá y degolladlos en mi presencia”». 28Dicho esto, caminaba delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.

19-11 San Abdías

San Abdías, santo del AT
San Máximo de Cesarea, mártir
Santos Severino, Exuperio y Feliciano, mártires
San Bárlaam, mártir
Santas Cuarenta mujeres, mártires
San Eudón, abad
San Simón de Monte Mercurio, eremita
Santa Matilde, virgen
Beato Jacobo Benfatti, religioso y obispo
Beatos Eliseo García García y Alejandro Planas Saurí, mártires

El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.

Martes de la XXXIII semana del tiempo ordinario, feria.

2 Mac 6,18-31
Sal 3
Lc 19,1-10

19 1Entró en Jericó e iba atravesando la ciudad. 2En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, 3trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura. 4Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí. 5Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo: «Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa». 6Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento. 7Al ver esto, todos murmuraban diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador». 8Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor: «Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más». 9Jesús le dijo: «Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. 10Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».