No quedará piedra sobre piedra

Martes de la XXXIV semana del tiempo ordinario

Lc 21, 5-11

5 Y como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, 6 Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida». 7 Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?».

8 Él dijo: «Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre, diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos. 9 Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida».

10 Entonces les decía: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, 11 habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes. Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo.

Vio una viuda pobre que echaba unas monedillas

Lunes de la XXXIV semana del tiempo ordinario

Lc 21,1-4

Lc21 1 Alzando los ojos, vio a unos ricos que echaban donativos en el tesoro del templo; 2 vio también una viuda pobre que echaba dos monedillas, 3 y dijo: «En verdad os digo que esa pobre viuda ha echado más que todos, 4 porque todos esos han contribuido a los donativos con lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».

Tú lo dices, soy rey

Domingo de la XXXIV semana del tiempo ordinario, solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo

Jn 18,33b-37

33 Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo: «¿Eres tú el rey de los judíos?». 34 Jesús le contestó: «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?». 35 Pilato replicó: «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?». 36 Jesús le contestó: «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí». 37 Pilato le dijo: «Entonces, ¿tú eres rey?». Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».

No es Dios de muertos, sino de vivos

Sábado de la XXXIII semana del tiempo ordinario

Lc 20, 27-40

27 Se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron: 28 «Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano”. 29 Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. 30 El segundo 31 y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. 32 Por último, también murió la mujer. 33 Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer». 34 Jesús les dijo: «En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, 35 pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. 36 Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección. 37 Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. 38 No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos». 39 Intervinieron unos escribas: «Bien dicho, Maestro». 40 Y ya no se atrevían a hacerle más preguntas.

Habéis hecho de la casa de Dios una «cueva de bandidos»

Viernes de la XXXIII semana del tiempo ordinario

Lc 19,45-48

45 Después entró en el templo y se puso a echar a los vendedores, 46 diciéndoles: «Escrito está: “Mi casa será casa de oración”; pero vosotros la habéis hecho una “cueva de bandidos”».

47 Todos los días enseñaba en el templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y los principales del pueblo buscaban acabar con él, 48 pero no sabían qué hacer, porque todo el pueblo estaba pendiente de él, escuchándolo.

¿Si reconocieras lo que conduce a la paz?

Jueves de la XXXIII semana del tiempo ordinario

Lc 19,41-44

41 Al acercarse y ver la ciudad, lloró sobre ella, 42 mientras decía: «¡Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos. 43 Pues vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco de todos lados, 44 te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el tiempo de tu visita».

¿Por qué no pusiste mi dinero en el banco?

Presentación de la Bienaventurada Virgen María

Miércoles de la XXXIII semana del tiempo ordinario

Lc 19,11-28

11 Mientras ellos escuchaban todo esto, añadió una parábola, porque él estaba cerca de Jerusalén y pensaban que el reino de Dios iba a manifestarse enseguida. 12 Dijo, pues: «Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después. 13 Llamó a diez siervos suyos y les repartió diez minas de oro, diciéndoles: “Negociad mientras vuelvo”. 14 Pero sus conciudadanos lo aborrecían y enviaron tras de él una embajada diciendo: “No queremos que este llegue a reinar sobre nosotros”. 15 Cuando regresó de conseguir el título real, mandó llamar a su presencia a los siervos a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno.

16 El primero se presentó y dijo: “Señor, tu mina ha producido diez”. 17 Él le dijo: “Muy bien, siervo bueno; ya que has sido fiel en lo pequeño, recibe el gobierno de diez ciudades”. 18 El segundo llegó y dijo: “Tu mina, señor, ha rendido cinco”. 19 A ese le dijo también: “Pues toma tú el mando de cinco ciudades”. 20 El otro llegó y dijo: “Señor, aquí está tu mina; la he tenido guardada en un pañuelo, 21 porque tenía miedo, pues eres un hombre exigente que retiras lo que no has depositado y siegas lo que no has sembrado”. 22 Él le dijo: “Por tu boca te juzgo, siervo malo. ¿Conque sabías que soy exigente, que retiro lo que no he depositado y siego lo que no he sembrado? 23 Pues ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses”. 24 Entonces dijo a los presentes: “Quitadle a este la mina y dádsela al que tiene diez minas”. 25 Le dijeron: “Señor, ya tiene diez minas”. 26 “Os digo: al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. 27 Y en cuanto a esos enemigos míos, que no querían que llegase a reinar sobre ellos, traedlos acá y degolladlos en mi presencia”».

28 Dicho esto, caminaba delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.

El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.

Martes XXXIII del tiempo ordinario

Lc 19,1-10

Lc19 1 Entró en Jericó e iba atravesando la ciudad. 2 En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico,3 trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura. 4 Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí. 5 Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo: «Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa». 6 Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento. 7 Al ver esto, todos murmuraban diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador». 8 Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor: «Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más». 9 Jesús le dijo: «Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. 10 Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

¿Qué quieres que haga por ti? Señor, que recobre la vista.

Lunes XXXIII del tiempo ordinario

Lc 18,35-43

35 Cuando se acercaba a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino pidiendo limosna. 36 Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; 37 y le informaron: «Pasa Jesús el Nazareno». 38 Entonces empezó a gritar: «¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!». 39 Los que iban delante lo regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!». 40 Jesús se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: 41 «¿Qué quieres que haga por ti?». Él dijo: «Señor, que recobre la vista». 42 Jesús le dijo: «Recobra la vista, tu fe te ha salvado». 43 Y enseguida recobró la vista y lo seguía, glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alabó a Dios.

Reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos

Domingo XXXIII del tiempo ordinario

Mc 13,24-32

24 En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, 25 las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán.26 Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria; 27 enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.28 Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; 29 pues cuando veáis vosotros que esto sucede, sabed que él está cerca, a la puerta. 30 En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. 31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. 32 En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, solo el Padre.