Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos

Fiesta del Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo, en el que maravillosamente es proclamado como Hijo amado de Dios, las aguas son santificadas, el hombres es purificado y se alegra toda la tierra (elog. del Martirologio Romano).

  Himno de laudes de la fiesta

A la orilla del Jordán,
descalza el alma y los pies,
bajan buscando pureza
doce tribus de Israel.

Piensan que a la puerta está
el Mesías del Señor
y que, para recibirlo,
gran limpieza es menester.

Bajan hombres y mujeres,
pobres y ricos también,
y Juan sobre todos ellos
derrama el agua y la fe.

Mas ¿por qué se ha de lavar
el Autor de la limpieza?
Porque el bautismo hoy empieza,
y él lo quiere inaugurar. Amén.

Lc 3,15-16.21-22

15 Como el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, 16 Juan les respondió dirigiéndose a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.

21 Y sucedió que, cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos, 22 bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco».

El amigo del esposo se alegra con la voz del esposo

Sábado de la II semana de Navidad

Jn 3,22-30

22 Después de esto, fue Jesús con sus discípulos a Judea, se quedó allí con ellos y bautizaba. 23 También Juan estaba bautizando en Enón, cerca de Salín, porque había allí agua abundante; la gente acudía y se bautizaba. 24 A Juan todavía no le habían metido en la cárcel. 25 Se originó entonces una discusión entre un judío y los discípulos de Juan acerca de la purificación; 26 ellos fueron a Juan y le dijeron: «Rabí, el que estaba contigo en la otra orilla del Jordán, de quien tú has dado testimonio, ese está bautizando, y todo el mundo acude a él». 27 Contestó Juan: «Nadie puede tomarse algo para sí si no se lo dan desde el cielo. 28 Vosotros mismos sois testigos de que yo dije: “Yo no soy el Mesías, sino que he sido enviado delante de él”. 29 El que tiene la esposa es el esposo; en cambio, el amigo del esposo, que asiste y lo oye, se alegra con la voz del esposo; pues esta alegría mía está colmada. 30 Él tiene que crecer, y yo tengo que menguar.

Y enseguida la lepra se le quitó

Viernes de la II semana de Navidad

Lc 5,12-16

12 Sucedió que, estando él en una de las ciudades, se presentó un hombre lleno de lepra; al ver a Jesús, cayendo sobre su rostro, le suplicó, diciendo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». 13 Y extendiendo la mano, lo tocó diciendo:

«Quiero, queda limpio». Y enseguida la lepra se le quitó. 14 Y él le ordenó no comunicarlo a nadie; y le dijo: «Ve, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación según mandó Moisés, para que les sirva de testimonio». 15 Se hablaba de él cada vez más, y acudía mucha gente a oírlo y a que los curara de sus enfermedades. 16 Él, por su parte, solía retirarse a despoblado y se entregaba a la oración.

Hoy se ha cumplido esta Escritura

Jueves de la II semana de Navidad

Lc 4,14-22a

14 Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. 15 Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan.

16 Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. 17 Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: 18 «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; 19 a proclamar el año de gracia del Señor». 20 Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él. 21 Y él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír». 22 Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca.

Lo vieron andar sobre el mar

Miércoles de la II semana de Navidad, memoria obligatoria de san Eulogio de Córdoba

Mc 6,45-52

45 Enseguida apremió a los discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran hacia la orilla de Betsaida, mientras él despedía a la gente. 46 Y después de despedirse de ellos, se retiró al monte a orar. 47 Llegada la noche, la barca estaba en mitad del mar y Jesús, solo, en tierra. 48 Viéndolos fatigados de remar, porque tenían viento contrario, a eso de la cuarta vigilia de la madrugada, fue hacia ellos andando sobre el mar, e hizo ademán de pasar de largo. 49 Ellos, viéndolo andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y dieron un grito, 50 porque todos lo vieron y se asustaron. Pero él habló enseguida con ellos y les dijo: «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo». 51 Entró en la barca con ellos y amainó el viento. Ellos estaban en el colmo del estupor, 52 pues no habían comprendido lo de los panes, porque tenían la mente embotada.