Dios se revela al Hombre

Dios al encuentro del Hombre

Catecismo de la Iglesia Católica, números del 50 al 73.

El hombre, puede por la razón natural conocer a Dios, pero además, Dios en su designio salvador, ha querido “revelarse”, darse a conocer. Nos ha revelado su misterio, su designio benevolente, que estableció desde la eternidad en su Hijo Jesucristo y en el envío del Espíritu Santo.

Revelación de Dios:

Dios se nos revela, se da a conocer, para que los hombres seamos capaces de responderle, de conocerle y de amarle más allá de lo que podríamos con nuestras propias fuerzas.

Dios se revela mediante acciones y palabras, lo hace de forma pedagógica, comunicándose gradualmente al Hombre, culminando su revelación en su Hijo Jesucristo.

Etapas de la Revelación:

  1. Desde el origen: El génesis, nos muestra en sus primeros capítulos, la comunión de vida y amor que Dios quería establecer con el Hombre, creado a imagen y semejanza, Gn 1-2. La caída, el pecado original, y la sucesión de pecados posteriores, Gn 3 -4, no interrumpió su proceso revelador, ya que confirmó su promesa y esta siguió desarrollándose.
  2. La alianza con Noé: Gn 6-10 tras el diluvio, una nueva humanidad, una nueva creación en pluralidad de naciones, y diversidad de lenguas, narrada tras la Torre de Babel, Gn 11..
  3. Dios elije a Abraham: Llamada Gn 12. Una promesa, tierra y descendencia; un pueblo depositario de todas las promesas de Dios a los hombres y un Dios. Gn 17. Abraham, nuestro Padre en la fe, Gn 22, el sacrificio de su hijo Isaac. Luego los hijos Esaú y Jacob, lo doce hijos, las doce tribus de Jacob…
  4. Un Pueblo, Israel, Ex. 1-40, pueblo salvado de Egipto, conducido por el desierto a la Tierra Prometida. Moisés. Una Ley, una Alianza, «Yo seré vuestro Dios, vosotros seréis mi pueblo».
  5. Los profetas. Dios muestra su salvación, ilumina sobre sus desviaciones, anuncia siempre su misericordia y su fidelidad. Anuncian la redención total de sus infidelidades, una salvación para toda la humanidad, un orden nuevo.
  6. Jesucristo, Plenitud de la revelación, el Hijo de Dios encarnado, revela plenamente a Dios, y su mensaje salvador. Él es Palabra Única e insuperable del Padre. En Cristo se culmina la revelación de Dios, aunque no está completamente explicitada, y será la Iglesia la que se encargará de comprender y enseñar gradualmente su contenido en el transcurso de los siglos.

La transmisión de la Revelación Divina

Dios quiso que lo que se había revelado para la salvación de todos los pueblos, se conservara por siempre íntegro y fuera transmitido a todas las edades. DV, 7.

La Tradición apostólica:

La Predicación apostólica: el Evangelio fue transmitido, desde el principio por los apóstoles. Al principio, oralmente: con su predicación, su ejemplo, sus instituciones, predicaron el Evangelio, como fuente de verdad salvadora y norma de conducta .

Luego por escrito: los mismos apóstoles y otros de su generación fueron poniendo por escrito el mensaje de salvación inspirados por el Espíritu Santo.

Continuada por la sucesión apostólica: los apóstoles, nombraron sucesores, que mantuvieran la transmisión continua del Evangelio así como la fidelidad al mismo. Es la Tradición, que asistida por el espíritu, mediante el culto, la enseñanza y la vida, transmite a todas las edades, el evangelio, lo que es y lo que se cree.

Relación entre la tradición y la Sagrada Escritura:

Tienen ambas una fuente común, El Espíritu Santo, y un mismo fin, hacer presente y fecundo en la Iglesia el misterio de Cristo.

La Sagrada Escritura es Palabra de Dios, revelada, inspirada por el Espíritu Santo. La Tradición, recibe la Palabra de Dios y transmite de forma íntegra dicha revelación iluminada por el Espíritu de la verdad. De ambas, recibe la Iglesia lo que debe transmitir e interpretar de la Revelación.

Ambas constituyen el Depósito de la fe.

La Interpretación del depósito de la fe:

Confiado en su totalidad a la Iglesia. Toda la Iglesia, pastores y fieles cristianos unidos, deben perseverar y profesar la fe recibida; celebrar, custodiar y transmitir el depósito de la fe.

El Magisterio de la Iglesia:

Compuesto por los obispos en comunión con el sucesor de Pedro, el Obispo de Roma. Tiene el oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral y escrita. El Magisterio no está por encima de la Palabra, sino a su servicio, para enseñar, puramente lo transmitido, custodiarlo y explicarlo fielmente, siempre asistido por la acción del Espíritu.

Los fieles deben de recibir con docilidad las enseñanzas y directrices de los pastores.

Los Dogmas de la fe:

Ejerciendo la autoridad recibida de Cristo, el Magisterio propone de forma obligada al pueblo cristiano la adhesión a unas verdades de fe, contenidas en la revelación o unidas a ella con un vínculo necesario.

Existe un vínculo orgánico entre nuestra vida espiritual y los dogmas de fe. Los dogmas son luces para caminar en la fe. Si vivimos rectamente, estamos abiertos a acoger los dogmas.

La vinculación y coherencia entre los dogmas, aparece en el conjunto de toda la revelación; existe orden y jerarquía entre los dogmas.

Sentido sobrenatural de la fe:

Todos los fieles tienen parte en la comprensión y en la transmisión de la verdad revelada, pues están asistidos por el espíritu.

Nunca la totalidad de los fieles se puede equivocar en la fe, lo que se manifiesta cuando toda la Iglesia está totalmente de acuerdo en cuestiones dogmáticas.

El sentido de la verdad, sostiene y suscita este sentido de la fe; el pueblo de Dios, bajo la guía del magisterio, se adhiere a la fe recibida.

El crecimiento en la inteligencia de la fe:

Por la asistencia del Espíritu Santo, la inteligencia de las verdades reveladas como del depósito de la fe, puede crecer en el seno de toda la Iglesia, y en cada uno de sus miembros.

  1. Cuando los fieles contemplan y estudian estas verdades, meditándolas y rezándolas en su corazón.
  2. Cuando los fieles van comprendiendo internamente los misterios que van viviendo.
  3. Cuando las proclaman los obispos asistidos por el espíritu, y acordes a la Verdad revelada.


El hombre es capaz de Dios, y vías de conocimiento de Dios

El Hombre es capaz de Dios:

Catecismo de la Iglesia Católica, números del 26 al 49.

El deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios. Dios No cesa de atraer al hombre hacia Él, y solo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha que no cesa de buscar. “Nos hiciste Señor para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti” S. Agustín.

Los hombres han buscado y siguen buscando a Dios, esto se expresa de múltiples formas, creencias y comportamientos religiosos; a pesar de las ambigüedades que puedan mostrar diferentes formas de expresión, todas muestran que el hombre es un ser religioso.

Pero también, y actualmente lo vemos más patente, el Hombre parece olvidar, desconocer e incluso rechazar su necesidad de Dios; tales actitudes pueden tener sus orígenes en el mal que se hace presente en el mundo, la ignorancia, la indiferencia religiosa, los afanes del mundo, las riquezas, el mal ejemplo de los creyentes, las corrientes de pensamiento hostiles a la religión, y la actitud del pecador que, por miedo, se oculta de Dios y huye de su llamada.

Si el hombre puede rechazar u olvidar a Dios, Dios no cesa de llamar a todo hombre, a buscarle para que viva y encuentre la dicha. Pero ante esta búsqueda se exige del hombre todo el esfuerzo de su inteligencia, la rectitud de su voluntad, “un corazón recto” y también el testimonio de otros que reenseñen a buscar a Dios.
Además, el Hombre tiene que ser iluminado por la revelación de Dios, sin la cual no tendrá acceso a la plena comprensión de las verdades religiosas y morales

Vías de acceso al conocimiento de Dios

El Hombre, que se siente llamado a conocer a Dios, descubre “vías” para acceder al conocimiento de Dios; son “pruebas de la existencia de Dios”, no en el sentido de pruebas de ciencias naturales, sino de argumentos convergentes y convincentes que permiten expresar la verdad de la existencia de Dios.

EL MUNDO: Sacramento de Dios: Dios está presente en todas las realidades creadas que tienen su huella, son signo de su grandeza y poder. Toda la creación nos habla del amor de Dios, de su proyecto de salvación para toda la humanidad.

El HOMBRE: Con su apertura a la verdad y a la belleza, su sentido del bien moral, con su libertad, con su aspiración de infinito y a la dicha, se abre a Dios y a su existencia.
Dios se revela, se da a conocer a los creyentes,
dado que estos necesitan ser iluminados
para poder conocer las verdades religiosas y morales sin mezcla de error

LA HISTORIA DE ISRAEL: el proyecto de salvación de Dios a los hombres comenzó con la elección de un pueblo, donde reveló su plan salvador. Lo vivido por Israel es medio para ir conociendo y descubriendo a Dios en su historia; los acontecimientos, y situaciones iluminaron el carácter salvador, liberador y misericordioso de Dios.

LA BIBLIA: PALABRA DE DIOS: En la Biblia, los creyentes nos encontramos con un Dios que nos habla y se comunica, nos muestra quien es y nos ayuda a interpretar la vida según su designio de amor.

JESÚS DE NAZARET, sacramento del Padre: Dios se hace hombre, para darse a conocer plenamente al hombre, mostrándose como sacramento vivo de Dios. En Jesús, verdadero Dios y Hombre, sus palabras y acciones son signos que revelan al Padre y expresión salvadora de Dios.

SIGNOS DE LA PRESENCIA SALVADORA: el nacimiento, el bautismo, la predicación, perdón de los pecados, expulsión de los demonios, curación de los enfermos liberación del mal, comidas con los pecadores y marginados, el envío de los discípulos. Jesús hace presente la misericordia salvadora de Dios.

LA IGLESIA: es sacramento de Cristo, hace presente en el mundo la acción salvadora de Cristo, continua su obra salvífica. Es presencia visible de Cristo que sigue actuando por medio de su Iglesia.

EL CRISTIANO: sacramento de Cristo; por su unión a Cristo en el bautismo, cada bautizado es templo del Espíritu. Su vida debe ser expresión de la vida en Cristo, llevando a los hombres el amor y la misericordia que han recibido de Cristo.

¿Cómo hablar de Dios?

El Hombre tiene posibilidad de hablar de Dios, pero siempre en el marco de su limitación, como lo es su limitación sobre el conocimiento mismo de Dios.

No podemos sino referirnos a Dios a través de las criaturas y según nuestro modo humano, imperfecto, limitado de sentir, conocer y amar. Hablar de Dios respetando que no podemos “tomar en vano” su Nombre, que no podremos llegar a comprenderlo del todo, pues ya no sería Dios; debemos respetar el misterio de Dios que se revela como Amor.